Autor El poema
5 Octubre 2015 a 16:00

Anoche

Anoche

Así, vino la noche, endiablada,
de caudal su sello, con la muerte,
y donde podria correr, ú darte vida,
partía espantada, habitando un sinónimo describía inmóvil, los hábitos, y ella,
del cuadrado presentía, los ojos, entornados al dulce viento,,,
éste, espeso, sobre la barba, goteaba esmalte, y fuera del agua,
la mirada helada, yacía sin debida forma, su angustia, rompió el espejo, y los dedos, quién un pico febril acostumbra,
y sudando, ciegos los brazos,
deformes, en órbitas extendidas,
Y ya la arena, ondulante y sombra,
corre mejor la sangre, húmeda, exhausta,
a inmediato, es la ciudad, su valle,
advertido el vacío, un nuevo círculo,
del alma sin despejar siquisiera,
el quiero ir a casa,,, y empujar aquel rostro, piedras contra cartas, por si lloraste,
la piedad debías, robar un sueño.

Y el alma, como imán desea su polo,
yergue la noche, larga e intrigada,
aún vive, una mueca salvaje, llegando,
y puesto pie, donde la vez prestada,
estuvo cerca, del viento era su casa,
libre, entera, cerrando hiriente, la pena, Ayúdame!

Ayer, palideció un pájaro, el borde te miró diminuto, la esquina del ojo, el miedo quiso llevarte, abajo de largo, y alzaste los brazos,
aquel instante, soñando el vuelo,
en la vista del gato, lamiéndose,
después un pozo, la paz, su ventana,,,

Martín Brubdle

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